mis cuentos

El jabón viejo

Hoy me he dado cuenta que me he convertido en un pequeño pedazo de jabón algo deforme y pegajoso, ya no soy el que era cuando me desenvolvieron y me colocaron orgullosamente en la jabonera del baño, tomándome con cuidado y sintiendo mi fragante aroma, mojándome y acariciándome para dejarme desprender lo mejor de mí, una gran y abundante espuma.

Yo me sentía muy orgulloso, pues sentía que representaba una parte muy importante en la salud de toda la familia, pues, como dicen los médicos, la higiene es la base de la salud. Pero ha pasado un largo tiempo y ya no me siento el mismo y temo a que pronto me desechen y coloquen en mi lugar a otro igual a mí, con el mismo tamaño, la misma firmeza y el mismo aroma que yo supe tener cuando aún era un joven y compacto jabón nuevo.

Y al oír una mañana temprano al ama de casa decir: este jabón ya no sirve para nada, está pequeño y pegajoso y ya no hace suficiente espuma, voy a tener que tirarlo y traer uno nuevo, entonces me di cuenta de que mi día había finalmente llegado y solo deseé que corriera al menos un poco de aire y me secara un poco para al menos durar tan solo un par de horas más, pero fue difícil, pues era verano y el calor solo empeoraba mi situación.

Y entonces vi que ella volvió con un paquete prolijo y reluciente y lo abrió con cuidado, como siguiendo un viejo ritual, y lo colocó con orgullo a mi lado y se retiró a comenzar su jornada murmurando: cuando vuelva tiraré ese pedazo viejo a la basura, ahora tengo que apurarme pues se me hace tarde y perderé el ómnibus. Y yo sabía que pronto se levantaría el resto de la familia y comenzaría el ritual del lavado de manos y se darían cuenta enseguida de mi estado, así que con suerte solo me quedarían unas pocas horas de vida, fue lo que pensé.

Y entonces simplemente me entregué a mi triste destino y cerré mis ojos deseando no tener que abrirlos más, y fue cuando escuché una voz que venía de muy cerca de mí, que me decía: oye, he visto que eres un jabón muy viejo y creo que pronto te tirarán a la basura, pues ya no cumples plenamente la función que tenemos todos los jabones, que es cuidar de la salud de toda la familia. Sí, es cierto, le respondí muy sorprendido por escuchar a este nuevo jabón a quien envidié rápidamente, pues lucía exactamente como yo hace solo un tiempo atrás cuando me desenvolvieron y vi el mundo por primera vez.

Y me imagino que debes estar muy triste, me contestó, pero te propongo algo, acércate y pégate a mí y así no tendrás que morir en un frío y solitario tacho de basura. No, no quisiera pegarme a ti, le contesté, entiende que soy un jabón muy viejo y así tendré que morir, como un pobre pedazo grasoso que ya no sirve para nada. ¿Para qué pegarme a otro y terminar perjudicando su desempeño como jabón? Por el contrario, tú eres grande, compacto y firme y hasta todavía tienes tatuada la marca en tu lomo. ¡Qué bellos recuerdos que me trae el verte, pues así me veía yo en el mejor momento de mi vida!

Entonces no pierdas tiempo y pégate a mí, me contestó, escucha, yo no me veré perjudicado, por el contrario duraré más tiempo pues tú agrandarías mi tamaño, ¿no te das cuenta de la gran ventaja para ambos? No, no quiero pegarme a ti, le contesté, porque no quiero intentar frenar algo que es ineludible, la muerte, así que si debo morir, solo le pido al Supremo de todos los jabones que eso ocurra lo antes posible para no alargar mi sufrimiento. Y el jabón nuevo solo me contestó apenado: te entiendo y no intentaré convencerte, pues cada jabón es dueño de su destino.

Y volví entonces a cerrar mis ojos y logré entrar en un sueño profundo durante un buen rato, pero luego me desperté escuchando unas fuertes pisadas que se acercaban al baño y que identifiqué claramente como del ama de casa que regresaba del trabajo. Entonces mi corazón comenzó a latir cada vez mas rápido, comencé a temblar y me debilité más aún, y me sentí tan blando como una aguaviva en el mar.

Tanto es así que en ese momento mis temblores me acercaron al jabón nuevo, e intenté instintivamente ponerme debajo de él, como en un vano intento de quedarme a escondidas de la muerte, y entonces vi que el jabón nuevo me cubrió con firmeza, de manera que nos quedamos pegados y de alguna forma pasamos a ser un mismo jabón, tal como él me había propuesto y yo me había negado rotundamente.

Y cuando ella finalmente entró al baño, observó la jabonera y sorprendida dijo: no sé a dónde habrá ido a parar el jabón viejo, tal vez alguien ya lo haya tirado, sino en cuanto lo vea lo voy a tirar de una vez por todas. Y afortunadamente hasta hoy creo que no se ha dado cuenta de que aún sigo existiendo y ofreciendo algo de espuma, intentando dar lo mejor de mí aunque en este momento de mi vida ya no resulte tan útil como un jabón nuevo.

Pero a pesar de todo sigo vivo, gracias al jabón nuevo que me permitió asirme a él y pasar a ser juntos un mismo jabón, y así será hasta que mi último gramo se desvanezca en el agua y las caricias de un par de manos me hagan desprender la última gota de espuma de mi vida, solo entonces me despediré con gratitud de este mundo, y también, claro, de mi gran compañero, el jabón nuevo.

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