Linda

Se hacía llamar Linda pero su verdadero nombre era Gloria, me dijo que era una chica muy ocupada, y creí que se refería a un par de horas extra en la oficina y luego alguna que otra hora de gimnasio en la tarde, sus curvas merecían un cuidado especial, pensé. Sin embargo me contó que en la mañana trabajaba como profesora de manejo de motos en la academia Super Mario, en la tarde hacía promociones callejeras de cosméticos y perfumes, luego volvía a su casa donde tiraba las cartas de tarot por teléfono, al tiempo que cuidaba los niños de su vecina, un niño de 8 y una niña de 5, adorables a no ser cuando se peleaban por el control remoto. Más

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El despertar

Ana se despertó con un singular presentimiento, hoy iba a ocurrir algo distinto; sí, algo que ella de algún modo estaba esperando y que rompería el agobio de los últimos tres años de interminables postulaciones y entrevistas con gerentes y sicólogos, y de contratos temporales que le dejaban un sabor amargo en la boca. La prometida prosperidad estaba a la vuelta de la esquina, pero por una obstinada trampa del destino, la esquina utópica no hacía otra cosa que alejarse. Más

La hoja en blanco

Desde niña se conmovía al observar la inmensa, generosa y algo misteriosa hoja en blanco. Sus manos pequeñas inventaban mundos de coloridas aventuras, de infinitas formas entrelazadas que bailaban entre sí, buscando quién sabe qué cosa. Sus dibujos la acompañaron hasta que sus labios se despertaron al presentir un beso, o hasta que debió ayudar a su familia, o más adelante, porque tal vez en el mundo poblado de edificios y de semáforos, ya no eran importantes sus dibujos, como cuando niña. En la hoja en blanco cabían universos, había magia, todo era posible mientras hubiera espacio para colorear, luego se tomaba la siguiente hoja y comenzaba nuevamente el ritual. Más

Un último paseo

Era una fría tarde de Agosto,  Ana estaba en su cuarto, había llegado el momento, observó su cóctel preparado, lo tomó en sus manos, lo levantó y lo llevó a sus labios, pero algo la hizo detenerse, “antes voy a dar un último paseo”, se dijo. Se dirigió al mar, tomó asiento en un muro frente al horizonte, que hacer? se preguntó, y su frustración la comenzó a devorar como a una presa entre sacudidas violentas, mientras sus lágrimas brotaban cual chorros sanguinolentos, inundando su ropa oscura. Más

Los Invitados

Me encontraba en la fila del teatro, ansiosa por ver la obra elegida cuando escucho:
– A partir de ahora solo hay lugar para Los Invitados.
Quedé dudando, los que hacíamos fila y yo nos miramos los unos a los otros, hacía un rato que esperábamos nuestro turno en boletería. Más

Callejero

Había una vez un perro callejero en medio de la calle, revolcándose por sus pulgas, como si con ello lograra sacárselas de encima.

Pasó una persona al lado suyo, miró para el otro lado, y el perro siguió revolcándose. Más

Un día en la tierra de los iguales

Era una cálida mañana de Agosto cuando pilotaba mi avioneta en el viaje de reconocimiento diario de mis propiedades, desde el río Ari hasta el Ati, pasando por la bahia Zei y los vastos y dorados campos que la rodean. Todo como de costumbre, pensaba, los trigales y frutales coloridos, el viento estupendamente calmo, los pájaros silvestres en bandadas describiendo círculos (¿o tal vez elipses?). Tal vez ya fuera hora de regresar a casa, pero un presentimiento me embargaba, la calma era demasiada, y al observar el horizonte, un detalle no concordaba. Se veía una bruma inusual frente a la bahía… como una especie de tierra flotante… ¿como podía eso ser posible? Más

tan cerca…

llego a tu casa,
veo que he cruzado la frontera,
te busco,
me dicen que no estás,
no me esperás,
te encuentro, Más

Los tontos

Érase una vez un soñador que soñó un mundo nuevo, y que, como muchos, fue tildado de soñador y hecho sentir un tonto.

Más

Los 10 mandamientos del programador

Según cuentan las viejas leyendas de Sysland, una vieja tribu de avanzada olvidada ya por los historiadores, parece ser que cuando Dios creo al Programador, le entregó un bloc de notas llamado “Tus10Mandamientos.txt”, que, luego de una serie de traducciones de siglos y siglos a través de culturas, idiomas y dialectos distintos, como también de diferentes sistemas operativos y editores de texto, en buen castellano se lee lo siguiente: Más

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