El despertar

Ana se despertó con un singular presentimiento, hoy iba a ocurrir algo distinto; sí, algo que ella de algún modo estaba esperando y que rompería el agobio de los últimos tres años de interminables postulaciones y entrevistas con gerentes y sicólogos, y de contratos temporales que le dejaban un sabor amargo en la boca. La prometida prosperidad estaba a la vuelta de la esquina, pero por una obstinada trampa del destino, la esquina utópica no hacía otra cosa que alejarse.

Su descanso fue alterado por un sueño donde se veía a ella subiendo una alta cumbre, al llegar a la cima sentía la tentación de mirar hacia atrás, miraba e inmediatamente se despertaba de un sobresalto, mientras gruesas gotas de sudor caían de su frente y brotaban de sus manos. El mismo sueño se había repetido las últimas tres noches, sin ella hallar una interpretación convincente. En un intento por hacer a un lado el presentimiento que le aceleraba el corazón, pensó, “los sueños sueños son, el que sueñes con sacar la lotería no te hará rica, Ana”, así que optó por leer su agenda, como de costumbre.

Estos tres últimos años de su vida se resumían en tres palabras: planes, deseos y tentativas por alcanzar su independencia, que a pesar de su ímpetu y constancia, no encajaban en el mundo de grises adoquines y repetidos semáforos. A su pesar, su edad alcanzaba la de sus padres cuando tenían ya sus tres hijas y comenzaba para la familia una época fructífera, luego de décadas de largas jornadas en búsqueda del tan ansiado porvenir.

Volviendo la vista más atrás, los tres años previos a estos últimos, los había dedicado a ideales de lucha colectiva en grupos por la liberación animal, ideología que si bien aún mantenía en su mente, deseaba desprenderse de ella para construir su vida, ladrillo a ladrillo, ya que sentía que la lucha, si bien llenaba su espíritu, la había convertido en un despojo de ideas que viajaban en un globo aerostático descompuesto, el cual no lograba tocar tierra firme.

En otro plano, Ana había olvidado ya sus amores platónicos, salvo el tercero y último, que tal vez aún representara algo para ella, pues creía haber estado a punto de vivir una historia cuyo guionista había olvidado darle un apropiado desenlace, dejándole una ilusa y vana esperanza que el tiempo se había encargado finalmente de romper en pedazos. Nada quedaba ya de la Ana de aquel tiempo, su corazón se hallaba escondido en la inmensidad de un frío lago, desde donde observaba de lejos el transcurrir de los días.

Ana se encontraba observando el cielo despejado del mediodía, la brisa primaveral le despeinaba el cabello mientras regresaba de su diaria caminata por la costa, cuando de repente escucha sonar su celular, atiende y una sonrisa se dibuja en su rostro, pues le confirman que comienza a trabajar en tres días, en su lugar favorito, luego de haber pasado por todas las entrevistas de rigor. Luego de sus tres últimos empleos este era con el que más se identificaba, ya no dudaba, esta era la oportunidad de cumplir finalmente sus sueño de libertad. Dio un gran salto que causó la curiosidad de los paseantes y se encaminó de regreso.

En horas de la tarde mientras actualizaba sus casillas de mails, recibe uno que atrae de inmediato su atención, pues era precisamente de Juan, cuyo nombre traía a su mente un rostro alegre, un discurso convincente, y sobre todo el poderoso imán que se encontraba en su mirada, y que fuera la causa de su posterior desdicha. “Te escribo porque el fin de semana voy a estar en Montevideo, vamos a tomar algo, te parece? dale, hace pila que no nos vemos”. Si bien a ella no le gustaban los mails estilo telegrama, este sin dudas le pareció eterno, ya que cada palabra era como una bendición que recibía directamente del mismo Dios del cielo. Leyó y releyó para convencerse de que su percepción no la engañaba, para proceder a contestarle brevemente confirmando que estaría y que le gustaría volver a encontrarse, e incluía su nuevo número de celular.

Y así ella vio como algo extraño estaba ocurriendo, hoy no era un día corriente al parecer. Más tarde, cuando el velo de la luna se levantó, y Ana comenzó su rutina final del día, observó su rostro en el espejo como de costumbre, buscando las marcas que le dejaba la afección que había contraído hacía ya tres años. Su sorpresa fue mayúscula al no encontrar nada, nada había ya de las marcas, aunque las buscara con el espejo de aumento que usaba para depilarse, no las encontraba. “Esto es realmente increíble”, pensó, mientras se miraba desde todos los ángulos, para encontrar un rostro sano, sin más rojeces ni minúsculos puntos morados, que si bien solía ocultar tras el maquillaje, librarse de ellos se había convertido en algo inalcanzable para ella. Su sonrisa y su fuego interno crecían en simultáneo, cual flor que se abre al percibir un tibio rayo de sol sobre su capullo.

A la noche siguiente el sueño se volvió a repetir, pero esta vez, una vez en la cima de la cumbre, en vez de mirar hacia atrás, miraba hacia arriba, para percibir como su cuerpo tomaba altura, y con la ayuda de sus alas se dirigía hacia el cielo. Se sentía liviana, sin esfuerzo alguno planeaba como suspendida en el aire, ya nada la limitaba. Desde las nubes sonrosadas ella observaba la realidad de muchas Anas y de muchos Juanes. Muchas cumbres y valles surgían ante sus ojos, muchos campos y desiertos, muchos ríos y selvas serpenteantes tomaban formas y colores. El aire puro y fresco le llenaba los pulmones mientras una deslumbrante luz se colaba por su mirada. Entre las nubes observó como un arco iris se desplegaba en todo su esplendor, se acercó y al cruzarlo vio como su corazón se le abría en dos, una parte se desprendía para transformarse en un polvo tan fino que se disolvía en el aire. “Tal vez ya sea hora de despertar”, se dijo, “tal vez”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Estadísticas del blog

  • 53,782 visitas

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 72 seguidores

Follow una terrícola on WordPress.com

Entradas que me gustan

fulanitoviajero.com

Otro sitio realizado con WordPress

El blog de Fabio

Baluarte literario y cultural

Vivir en Salud y Bienestar Naturalmente

¡ Bienvenid@ a disfrutar de una mayor calidad de vida !

ScritoradeletraS

Letras convertidas en palabras para soñar y volar

Cuasipoemas

por Eric Urias

PROVERBIA

"Crítica Social, Lírica y Narrativa"

MIS RELATOS CORTOS

Relatos más o menos cortos.

Mil y una poesías

Un lugar para todo aquel que ame la poesía, quiera deleitarse con mis poemas y sentir la belleza de las palabras en su interior.

una terrícola

reencontrarnos para reconocernos, reconocernos para reencontrarnos

El Ático del Alma

Tu corazón es libre ten el valor de escucharlo

Apuntes del Capitán Desperado

Mis vivencias, reflexiones y poesía.

NoEsUnCuento

¿Crees que no puede ser?

Hojeando Vida

Como una tarde de sábado para respirar emociones y vivir las verdades.

soy lo que soy

Mi mundo atravez de fotografías, arte y letras ~❤️~

THE BIG BLOG THEORY

Uno es lo que ama, no lo que le ama.

rojoutopico.wordpress.com/

Blog de opinión igualitaria, social y política de un tipo Feminista, Galileo y Anticapitalista.

nadaytodopersonal

This WordPress.com site is the cat’s pajamas

A %d blogueros les gusta esto: