El corazón del hormiguero

Había una vez en la selva, un gran hormiguero lleno de hormigas, y todas convivían en paz y armonía. Vegetalia, su reina, era muy querida y la cuidaban con mucho afán, llevándole los brotes de hojas mas tiernos que encontraban en los alrededores. Día a día, hormiga tras hormiga hacían largas caminatas buscando y acarreando hojitas y restos de comidas de otros animales, y volvían formando largos caminos de hormigas, como los que vemos todos los días en los parques.

De noche ya estaban todas en el hormiguero seguras y felices. Nunca se habían preguntado porqué hacían lo que hacían, ni quien las había enseñado, sino que tomaban por seguro lo que hasta hoy era su medio de vida. Hasta que un día, la hormiga Encarna, conocida por aventurera y curiosa, se preguntó: “¿porqué no probar un poco de carne de algún animal?” Y nadie supo responderle por qué si o por qué no, así que Encarna se dirigió afuera en su recorrido diario, y volvió con un escarabajo sobre su lomo. Todas la miraron y Encarna dijo: “voy a probarlo”, y lo probó y le gustó. Y acto seguido otras hicieron lo mismo, preguntándose “¿porqué nunca se nos ocurrió esto antes?”.

Y pronto eso llegó a oídos de la reina Vegetalia, quien pidió reunirse con Encarna y las que habían probado el escarabajo. Y en cuanto las tuvo enfrente les preguntó: “¿porqué comieron carne si tenemos hojas y alimento vegetal en abundancia?” y Encarna contestó: “porque me aburrí y quería probar otra cosa”. “¿Y te gustó?” preguntó la reina, “Si”, contestaron a coro Encarna y sus amigas. “Bueno, no es bueno cambiar nuestra costumbre de comer vegetales, porque es lo que nos mantiene unidas y saludables.”, y todas se miraron cabizbajas, y prosiguió la reina: “les pido que abandonen esa idea y que busquen mas variedad de vegetales, la selva es grande”, a lo cual contestaron “si, mi reina”, al unísono, y se retiraron de la sala real.

Los meses fueron pasando y todo volvió a ser como antes, pero un día nuevamente llegó a oídos de la reina, que Encarna había vuelto a sus andanzas, y que muchas de las hormigas la estaban siguiendo, buscando diferentes insectos para luego comerlos. Así que la volvió a llamar, y Encarna se presentó: “aquí estoy, mi reina”, le dijo, “Encarna, me has desobedecido, te doy una última oportunidad, o dejas la carne o te irás del hormiguero, con todas tus seguidoras”. Y Encarna respondió: “no, mi reina, no me eches, cambiaré, te lo prometo”. “Te doy un mes, solo un mes, si no has cambiado, considérate fuera”, le advirtió la reina con firmeza.

Y ocurrió que en ese mes, Encarna no pudo con su avidez carnívora, y sus seguidoras aumentaron, tanto así que casi la mitad del hormiguero seguía ya sus pasos. Esto le provocó dolores de cabeza a Vegetalia, la hormiga reina, que no se imaginaba la magnitud del problema, hasta que decidió reunirse con el consejo del hormiguero. En la reunión, las mas sabias hormigas buscaron una solución al aumento de seguidoras de Encarna, y no encontraron mejor salida que mentir que se habían transformado ellas también en carnívoras, para evitar una posible sublevación que pusiera en riesgo la cabeza de su amada reina.

Así fue que el consejo llamó a Encarna y a sus principales seguidoras, y les informaron de su conversión al hábito carnívoro, pero pidiéndoles que no le comentaran a nadie mas, para que el resto del hormiguero no se distrajera de sus costumbres habituales. Así pasó un tiempo, mientras las seguidoras de Encarna aumentaban, y el consejo se volvió a reunir buscando una solución definitiva. Pero algo sucedió que las dejo atónitas a todas.

Un día Encarna llegó con una cabeza de insecto muy particular, tan original era que quiso obsequiársela a la misma reina, para mejorar su imagen ante ella. Ni bien Vegetalia vio el obsequio, bajó la cabeza y echó a llorar. Nadie comprendía porqué, y ella luego de unos instantes explicó: “¿Encarna, sabes a quien tienes en tus manos?”, “No, no lo se.” contestó. “Pues tienes la cabeza de mi hermana, de nuestra hermana”. Y Encarna no sabía donde meterse, no imaginaba para nada que aquella cabeza era la de una hormiga como ella, y menos que menos la hermana de la mismísima reina del hormiguero. Y enseguida Encarna rompió a llorar, y las que estaban presentes hicieron lo mismo.

Pero el momento no pudo durar mucho, pues un ruido extraño se escuchaba cada vez mas fuerte, venía desde arriba, y sonaba como las pisadas de un ejercito. La reina se repuso enseguida, y mandó llamar a las hormigas guerreras, presumiendo que el ejercito venía en son de guerra, a recuperar la preciada cabeza de su amada hermana.

Y fue entonces que los ejércitos se enfrentaron, y a las bien fornidas hormigas hervíboras del ejercito invasor, se enfrentaron las recientemente carnívoras del hormiguero de nuestro cuento. La batalla prosiguió hasta que las invasoras lograron llegar a la sala real, donde la reina Vegetalia les ordenó en voz estridente: “¡Alto, en nombre de la hermandad!”, y las invasoras se detuvieron, “Esperen a escucharme, por favor”, y las invasoras bajaron sus armas. “No hemos cambiado todas, el corazón del hormiguero sigue fiel a la tradición de hermandad. Si deponen sus armas yo les prometo que ni una de mis hormigas comerá un solo bocado de carne, mientras yo este viva.”, y las invasoras le creyeron, y sellaron exitosamente un nuevo pacto de hermandad, para alegría de Vegetalia y de todas sus fieles.

Luego de esa batalla, la reina mandó llamar a una reunión general, después de reunirse con el consejo, y les habló a todas: “Queridas hijas, escuchen atentamente: las que decidan quedarse aquí deberán seguir la tradición, las que no, son invitadas a retirarse ahora, o serán expulsadas a la fuerza.” Y Encarna y sus fieles seguidoras se retiraron al instante, quedando en el hormiguero solo las fieles a la tradición, deseando que todo volviera a ser como siempre, y que no tuvieran que enfrentar mas batallas con hormigueros vecinos.

Según cuentan las leyendas, cada tanto se las ve pasar a Encarna y sus amigas, buscando algún bichito moribundo por alguna parte, o entrando por grietas de la tierra buscando cualquier animalito que se mueva. Pero cuentan que la reina Vegetalia nunca mas se tuvo que enfrentar a otro ejercito invasor, y cuentan también, que Encarna y sus seguidoras continuaron con su hábito adquirido de comer carne, pero que se aseguraban bien que no fuera de hormiga, pues el susto de la batalla no se lo olvidaron nunca mas.

Y colorín colorado, esta aventura con corazón de hormiga, se ha terminado.

🙂

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