Una idea estomacal

Según cuentan las viejas leyendas, un día, hace mucho, mucho tiempo, se reunieron todas las células del cuerpo humano, para celebrar un gran logro: poder hablar todas un mismo idioma. Tiempo atrás les tomaba tiempo entenderse, pues los ojos hablaban el idioma de las imágenes, los pies el idioma de los pasos, el corazón, el de las emociones, y así en más. La celebración fue grandiosa, todas las células del cuerpo fueron invitadas y se presentaron puntualmente, al grito de “Hermandad!”, y con una gran expectativa de ver la cantidad que eran. Fue entonces cuando habló la célula más veterana, con las siguientes palabras:

– Hermanas y hermanas, estamos hoy aquí para celebrar que el nuevo idioma, “Hermandad 1.0”, fue exitosamente instalado y ha llegado a todas partes del cuerpo, gracias a lo cual nos podemos comunicar todas, sin necesidad de traductores.

– Bravo! hurra! si! eso! – se escuchaba por todas partes, siendo las células de la boca las que más fuerte se escuchaban.

– Hermanas, nuestro deber hoy – prosiguió la líder – es honrar nuestro lenguaje, ejercitarlo, y aprender todas las palabras, desde la más simple hasta la más compleja, para así entendernos más y mejor.

– Claro! por supuesto! eso haremos! – se oía por aquí y por allá, en un ambiente de gran jolgorio. La líder se proponía retomar la palabra, cuando una célula a lo lejos levantó su mano:

– Hola! – dijo esta célula, que parecía ser del estómago por su acento – me oyen? – prosiguió

– Sí, claro – contestó la líder desde su posición central en la gran reunión – te escuchamos hermana, adelante, qué quieres decirnos?

– Yo – dijo tímidamente la célula, luego de acercarse al lugar central – una célula estomacal, estoy muy contenta y emocionada de poder comunicarnos todas gracias a Hermandad 1.0.

– Sí! bravo! gloria a hermandad! – se volvió a oír del medio de la multitud.

– Y estoy aquí porque tengo una idea – la líder la observó como pensando qué idea podría tener una célula proveniente del órgano dedicado a la digestión.

– Qué idea tienes, hermana? cuéntanos por favor. – preguntó la líder, la más experta y sabia del órgano de la cabeza: el cerebro.

– Pues, sueño con poder sentir lo que sienten las demás, no me refiero a ver lo que ven los ojos, ni a tocar el suelo como lo hacen los pies, ya que por algo yo soy lo que soy, sino a sentir lo que sientan, cuando están contentas, y también cuando estén tristes, cuando sientan ganas de reír, o de llorar.

Y entonces la multitud de células se quedó pensativa, qué idea más rara, qué sentido tenía sentir como las demás? para qué? no bastaba con estar comunicadas?

– Hermana célula – tomó la palabra la líder – no sé como se te ha ocurrido eso, y no se me ocurre para qué pueda sernos útil, pero sin embargo, como hoy es un día de gran celebración, le daremos piedra libre a tu idea, y será analizada por nuestro equipo de inteligencia.

– Hermandad, hermandad! – volvió a escucharse de la multitud, que si bien tampoco se les ocurría en ese momento para qué servía la idea propuesta, se sentían con ganas de celebrar, y no querían que nada las perturbara.

– Gracias – respondió la célula estomacal – gracias hermanas y hermanas, es pensando en todas nosotras, como se me ha ocurrido esto.

Y pasaron las semanas, y el idioma Hermandad se ejercitaba en todo el cuerpo, haciendo entenderse a todas cada vez mejor, y con mayor profundidad, a medida que aprendían más palabras de los diccionarios.

Hasta que un día, en un encuentro casual, la célula estomacal le preguntó a la célula líder del cerebro, en qué estaba la idea de sentir en común, que ella había propuesto. A lo cual la líder, que continuaba su liderazgo al ser la mayor, la más experiente célula del cerebro, le contestó:

– Continúa en análisis, no te preocupes, te avisaremos en cuanto veamos si resulta útil o no…

– Pero no se trata de ser útil o no, se trata de sentir el sentir de otras hermanas, valga la redundancia, y eso no tiene por qué resultar útil al momento.

– Ok… – dijo la líder – se trata de algo emocional, llamaremos a las hermanas del corazón entonces, para ver que hacemos.

– Genial – contestó la estomacal – gracias hermana por tu buena voluntad.

– Hermandad!

– Hermandad!

Así fue que se saludaron ambas, y siguieron con sus quehaceres habituales. Poco después la líder cerebral se reunió con la líder del corazón, la más veterana y sabia de ese órgano, y debatieron sobre la propuesta:

– Y dime, qué te parece la idea? – preguntó la primera

– Pues, es muy hermoso, sentir lo que las demás, compartir el sentir, ya sea dulce o amargo, es sin dudas excelente. Pongámoslo en práctica.

– Puede llevar algo de tiempo programar esta idea, pero se puede, si bien falta convencer al resto del cerebro, para ponerlo en marcha.

Y luego de un par de acotaciones más, acordaron reunirse pronto para hacer seguimiento del tema. Mientras, la célula estomacal se alegraba de que pronto su idea cobraría vida, y las cosas del día a día cambiarían, en el entendido de que todas compartían un mismo cuerpo, y si todas se sentían una, si sentían lo que las demás, entonces todo sería más llevadero, no habrían límites más que la función que cada una desempeña, y las palabras, tan importantes siempre, carecerían tal vez de sentido en algunos momentos.

El tiempo pasó, y un día, luego de una serie de reuniones de la líder cerebral con otros departamentos del cuerpo, ella vio que el tema tenía apoyo general, si bien algunas células del área de las uñas o del área del cabello, por ejemplo, se preguntaban para qué sentir lo que siente por ejemplo el corazón, si en cualquier momento las cortaban, en el caso de las uñas, o se desprendían y caían, en el caso del cabello.

Pero la generalidad apoyó la propuesta y ella entró entonces al área de Proyectos del Cerebro. Pronto se puso en desarrollo, se programó, y se lanzó una prueba, Siente 0.1, la cual fue un éxito, y puso muy contenta a su ideadora, la célula estomacal, como también a otras que les había gustado desde el vamos.

Luego de la prueba exitosa, la versión 1.0 de Siente fue instalada en todas y en cada una de las células del cuerpo, y cuando así fue, se produjo un gran silencio. En vez de la camaradería contínua, parecía que las palabras sobraban, ya que se veían y se comprendían, al solo pensar una en la otra. Eso las asombró, les resultaba increíble sintonizarse entre diferentes departamentos, como si estuvieran frente a frente, e incluso sin comprender la función de cada una, comprendían plenamente su sentir.

Tal fue el éxito de Siente 1.0, que la líder cerebral convocó una celebración general, a la cual bastó una invitación, para que todas se comunicaran entre sí, gracias al lenguaje tan bien asimilado, y gracias también a las ganas de reunirse todas juntas, sintiendo una fuerte unidad y hermandad.

Y cuentan las leyendas, que desde aquel día, todas las células del cuerpo nacen con un programa incorporado: el sentir lo que sienten sus hermanas, sin importar su función, tamaño, edad o ubicación, solo el saberse hermanas. Y cuentan también que desde ese momento, el estómago es reconocido como uno de los más importantes, sensibles e inteligentes del cuerpo, la célula de nuestra historia lo ha demostrado.

Y colorín colorado, esta digestión…
ejem… este cuento,
se ha terminado.

🙂

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jose Rivera
    Dic 29, 2016 @ 18:16:16

    Hermosa reflexión. Guao me dejó son palabras. Es increíble entonces el vínculo de nuestra vida. Todo conectado Guao. 🙂

    Responder

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